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En Honduras viven poco más de 8 millones de personas, las cuales generaron un producto interno bruto oficial (PIB) de 20,93 mil millones de dólares en 2015, lo que significa que, si esta suma se dividiera equitativamente, cada quien recibiría alrededor de 2527 dólares al año. Sin embargo, como la mayoría de países latinoamericanos, Honduras tiene una distribución de ingresos extremadamente desigual1, y una distribución de la riqueza aún más injusta. En otras palabras, la mayoría de los hondureños se las arreglan con mucho menos. La agricultura, incluida la madera, representa alrededor del 14 % del PIB; y la industria, como la producción textil, el doble de eso, aunque la segunda categoría incluye productos agrícolas procesados tales como el azúcar y el café. Las remesas enviadas a casa por hondureños que trabajan en el extranjero aportan el 18 % del PIB2; al menos una quinta parte de los hogares se beneficia de dicho apoyo3. Ningún indicio del sector ilícito exagerado, el comercio de drogas, el tráfico dinámico de bienes de consumo, o de migrantes, o de armas, se observa en las cifras oficiales; de este modo, estas presentan una imagen bastante distorsionada de la economía.

Los plátanos quedaron en el pasado (pero no Estados Unidos)

Honduras, el arquetipo original del término peyorativo “república bananera”, a principios del siglo XX estaba dominada tanto política como económicamente por tres productores de plátanos competitivos de Estados Unidos4. Como una muestra del poder en bruto de estas compañías, el propietario de una de ellas, Samuel Zemurray, promovió un golpe en 1910 para obtener tierras que deseaba, además de concesiones comerciales5. Aunque no ha sido una colonia estadounidense de manera formal, Honduras, en otras palabras, se asemeja en varios aspectos a la estructura política y económica de dicho país. Cuando las prácticas no lograron el cambio de régimen a través de la violencia, la industria del plátano continuó entretejiendo la corrupción en el tejido del estado, con frecuencia sobornando y apoyándose en funcionarios, adoptando políticas sobre posesión de tierras para el enriquecimiento personal, e involucrando, finalmente, al gobierno hondureño en un largo conflicto interno de compañías plataneras6.

Golpeadas por plagas en la cosecha y la Gran Depresión en las décadas de 1930 y 1940, las exportaciones de plátano bajaron y la economía regional tuvo que diversificarse un poco7. Una clase media profesional comenzó a surgir8; el gobierno invirtió en infraestructura y saldó su deuda pública9; y las reformas legislativas abrieron una vía para que se organizaran algunos líderes laborales y de campesinos10. Sin embargo, la preocupación del entonces presidente, el exgeneral Tiburcio Carías Andino, de mantenerse en el poder durante este periodo relativamente estable, impidió la germinación de instituciones democráticas fuertes en un momento cuando las expectativas crecientes estaban a punto de colisionarse con el sentido del derecho de la aristocracia terrateniente11. Las revueltas económicas y políticas marcaron la década de 1950 y los primeros años de la década de 196012.

Las tensiones por las demandas a las reformas sociales, como seguridad social y laboral pero, en especial, la distribución de la tierra, llegaron a un punto crítico con el golpe de 196313. Durante dos décadas, Honduras se embarcó en un periodo de gobierno regido por el ejército, en una alianza vaga con las élites propietarias de la tierra. Las aspiraciones de justicia social de los ciudadanos pobres en las zonas urbanas y rurales se ignoraron en gran medida14. Sin embargo, en comparación con Guatemala, el país vecino, y El Salvador, el ejército hondureño ejerció una represión relativa y permitió un grado de pluralismo cívico. En gran parte, Honduras se mantuvo inmune a los escuadrones de la muerte, las desapariciones y la tortura que afectaron a otros países centroamericanos.

El descontento nacional con el estancamiento económico y con una sucesión de escándalos de corrupción, además de la presión por parte de la administración consciente de los derechos humanos del entonces presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, obligó al ejército a organizar, primero, una votación por una asamblea constituyente en 1980 y, finalmente, una elección presidencial en 198115.

No obstante, rodeado como estaba por vecinos más violentos, Honduras no pudo escapar a las repercusiones de los conflictos en Nicaragua y El Salvador. La administración de Ronald Reagan exigió que el país sirviera en un asunto, y no en otro, como base de retaguardia para los grupos rebeldes de ambos países16. La militarización de la década de 1980 impactó de manera considerable en el carácter hondureño.

Conocido como el USS Honduras por su función en el lanzamiento de tropas estadounidenses17, el país recibió cientos de millones de dólares en ayuda militar estadounidense durante la década de 1980, cuando Estados Unidos era presa de un miedo excesivo por la amenaza a la seguridad nacional que emanaba de Nicaragua, con un apoyo anual promedio de 57,7 millones de dólares durante el momento álgido del conflicto de los Contras18. Se dieron incrementos importantes en la financiación para que el ejército expandiera su poder, y aunque Honduras permaneció bajo un gobierno civil durante este tiempo, aumentaron los asesinatos políticos, los secuestros y las desapariciones19.

La mezcla de poder militar y el contexto ideológico supuso la persecución de activistas de izquierda, incluido el secuestro y la tortura bastante difundida del dirigente sindical Rolando Vindel González, y las purgas del cuerpo docente con convicciones de izquierda de las Universidades hondureñas20. La impunidad se volvió la regla en estos casos, sin ninguna repercusión para las unidades militares u oficiales involucrados en abusos de derechos humanos según la opinión general21, incluso cuando la evidencia del terrorismo de Estado, de los centros de detención clandestinos y de los cementerios escondidos y de las fosas comunes salieron a la luz de manera pública22. La implicación de Estados Unidos en ese momento también sirvió para empoderar al sector del narcotráfico en expansión en Honduras, ya que Estados Unidos contrató la flota aérea del narcoempresario Juan Ramón Matta Ballesteros para distribuir armas a los Contras23.

La economía: golpeada y reestructurada

En la década de 1990, Honduras (como muchos otros países en el mundo) comenzó un proceso de privatización, liberación económica e inserción en la economía globalizada, impulsado por Estados Unidos y diversas instituciones multilaterales24. Los programas de ajuste estructural auspiciados por el Fondo Monetario International (FMI) exigían reducir los gastos del gobierno y una apertura del mercado para la inversión extranjera, los nuevos productos de exportación (incluidos textiles de talleres de explotación laboral) y el turismo25.

A mediados de octubre de 1998, un torbellino de vientos fuertes que avanzaba por el Atlántico desde el oeste de África agitó el Caribe. Se detuvo y luego avanzó de nuevo sacudiéndose mientras se desviaba hacia el oeste, vertiendo más de un metro de lluvia en algunos lugares. Le tomó una semana completa llegar a Honduras al sistema climático que se desplazaba con pesadez, pero cuando lo hizo, el huracán Mitch causó una destrucción histórica. Marejadas ciclónicas, inundaciones y deslaves provocaron más de 11,000 muertes en la región, dejaron a 3 millones de personas sin hogar y desplazadas, además de arrancar de cuajo hasta tres cuartas partes de las cosechas en los campos y causar otras pérdidas económicas26.

El gobierno hondureño, encabezado por el presidente recién electo del Partido Liberal, Carlos Roberto Flores Facussé, no estaba preparado para enfrentar la tormenta más destructiva que había golpeado a la región en dos siglos, pero se movilizó para concentrar el poder y afrontar la crisis27. El 29 de octubre, Flores declaró el estado de emergencia, desplegando al ejército en las áreas más afectadas para imponer el orden público y prevenir saqueos. Suspendió las libertades civiles e impuso un toque de queda el 3 de noviembre28.

Para enfrentar la recuperación de la crisis a largo plazo, Flores incorporó un nuevo gabinete de cinco secretarios. Inaccesible tanto para los funcionarios locales como para los representantes del congreso, según algunos detractores, el equipo diseñó el plan para la reconstrucción nacional en secreto29. A principios de 1999, poco después de que el gobierno revelara el modelo, el entonces comisionado para los derechos humanos Leo Valladares denunció la presunta malversación generalizada de la ayuda extranjera30.

El desastre económico, la desorientación nacional y el ambiente de crisis facilitaron la implementación de una reestructuración económica controvertida: abrir más el mercado hondureño a la inversión extranjera, incluida la expansión de las maquiladoras textiles, la agricultura de exportación, la industria del turismo y las ventas de infraestructura pública. Muchas de estas iniciativas estaban vinculadas a las renegociaciones de deuda del FMI, descritas como vitales por partidarios dentro del gobierno y en el extranjero31. Al beneficiar de manera desproporcionada a un pequeño grupo de familias, estas iniciativas catapultaron a la primacía a la clase conformada por inmigrantes provenientes de Siria y Palestina, a la que Flores pertenecía32,, otorgándoles el control de la mayor parte de la economía “moderna”33.

Como podría predecirse, dada la devastación que causó Mitch, los cambios abruptos en las prácticas económicas y las deportaciones desde Estados Unidos, este periodo también presenció una proliferación de pandillas y un incremento en la violencia urbana34. La importancia en aumento de las rutas del tráfico por tierra a través de Centroamérica para la cocaína destinada al mercado estadounidense, entre otros productos ilícitos, alimentó aún más el crecimiento del crimen35.

La vía que casi se tomó

En 2005, en medio de niveles alarmantes de crimen y de malestar, el candidato del Partido Liberal Manuel Zelaya obtuvo una candidatura a la presidencia por un margen escaso, en una plataforma que enfatizaba la rehabilitación de los delincuentes violentos: un distanciamiento del modelo mano dura más tradicional de su predecesor, al igual que un ejercicio de poder más inclusivo36.

De hecho, aunque Zelaya pertenecía a la vieja estructura de poder37, al parecer se alejó del círculo de allegados de las familias de la élite empresarial cuando se convirtió en presidente. Adoptó un estilo personal ostentosamente populista, nombrando algunos reformadores bien intencionados para conformar su gabinete, además de tomar medidas bastante provocadoras como el incremento del salario mínimo y la apertura de investigaciones sobre conflictos violentos por tierras en un valle fértil en la costa caribeña entre agricultores y productores de aceite de palma, incluida la investigación relacionada con el patriarca sumamente poderoso de la nueva élite empresarial, Miguel Facussé38. Zelaya ajustó la manera en la cual la gasolina de Honduras era obtenida y distribuida, y redujo las ganancias para las familias más importantes del sector energético. Ni ellas ni Estados Unidos recibieron con agrado su decisión de obtener gasolina más barata de Venezuela, ni su amistad creciente con el presidente de ese país en aquel entonces, Hugo Chávez39.

Cuando Zelaya comenzó a hacer campaña a finales de 2008 para un referéndum acerca de una reforma constitucional, las élites económicas y militares marcaron un alto, descalificando la medida como un intento por eliminar los límites del mandato presidencial y extender el ejercicio de su cargo. Las calles se llenaron de manifestantes a favor y en contra del referéndum conforme la crisis política se agravaba. Asimismo, la embajada estadounidense organizó diversas reuniones en 2009 para tratar de trazar una solución40.

Sin resultados. En las primeras horas de un sábado 28 de junio, algunos soldados marcharon hacia el palacio presidencial y, después de desarmar a los guardias y disparar a las cerraduras, irrumpieron en la habitación de Zelaya, lo esposaron y lo subieron apresuradamente a un avión con destino a Costa Rica. Se presentó una renuncia falsificada (la fecha era incorrecta) ante el Congreso, que proclamó a Roberto Micheletti como presidente interino del país41. Aunque los soldados llevaron a cabo los actos finales de este drama, el ejército no presentó el tipo de queja independiente contra el gobierno que, por ejemplo, las fuerzas malienses mal remuneradas y sin el equipo adecuado presentaron al derrocar a su presidente en 2012. La mejor manera de entender el levantamiento hondureño de 2009 es verlo como un golpe corporativo42. Sin embargo, la semántica importa, ya que la ley estadounidense estipula recortes automáticos en la ayuda después de un golpe militar.

Las huelgas, las manifestaciones y la desorganización civil se toparon con arrestos generalizados, desapariciones y golpizas; mientras los medios de comunicación y los cabilderos lanzaban una campaña nacional e internacional para legitimizar al nuevo gobierno43. A finales de noviembre, bajo la presión internacional pero en medio de una atmósfera de insurrección y represión brutales para sofocarla, se llevó a cabo una nueva elección, que resultó en la victoria de Porfirio Lobo, un inquebrantable del Partido Nacional.

La postura ante estos sucesos tomada por la joven administración del entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acosada por dos guerras en Medio Oriente y un colapso financiero de dimensiones épicas, ha generado una controversia enardecida. Después de una reacción firme en un principio ante lo que el embajador de Estados Unidos calificó inequívocamente como golpe44 , incluida la condena y la suspensión de ayuda no humanitaria45, Washington cambió de parecer. La entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, que exhortó a Zelaya a no buscar la restitución, presionó para que se llevaran a cabo unas elecciones apresuradas y, así, normalizar la situación46. (El papel de su viejo amigo y cabildero, Lanny Davis, en relación a este cambio de dirección se aborda más adelante en las páginas 99–100).

Las elecciones de 2014 que le permitieron al sucesor de Lobo al frente del Congreso ascender a la presidencia misma solo fueron en cierto modo menos problemáticas que las votaciones asoladas por la violencia de 200947. El ganador, el Presidente Juan Orlando Hernández, está actualmente haciendo campaña para la reelección en noviembre de 2017, precisamente la supuesta ambición por la cual Zelaya fue derrocado.

En dos etapas, por consiguiente, esta historia difícil ha contribuido a conformar la economía política hondureña actual, optando por ciertos grupos y prácticas. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las concepciones del mundo colonialistas percibían y trataban a los países menos desarrollados como proveedores de materias primas e insumos agrícolas para el beneficio de los poderes industrializados dominantes. Estados Unidos desempeñó esta función en lo que respecta a Honduras. Posteriormente, la Guerra Fría y las profundas preocupaciones sobre la subversión de la izquierda definieron la política estadounidense.

Estos fenómenos se han debatido y argumentado en otros artículos largo y tendido, por ende este estudio no tiene la intención de litigar sobre ellos una vez más. Sin embargo, actores externos han actuado con mano dura a la hora de conformar la Honduras de hoy en día y, por lo tanto, en nuestra opinión, tienen la responsabilidad de ayudar a enmendar lo que forjaron.

Notes

1 Honduras tenía un coeficiente de Gini de 50.64 en 2014, donde 0 es totalmente igual. Estados Unidos obtuvo 41.06 el mismo año. Véase “Data: Honduras”, Banco Mundial, http://data.worldbank.org/country/honduras.

2 “Honduras”, CIA World Factbook, https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/ho.html, y “Data: Honduras”, Banco Mundial, http://data.worldbank.org/country/honduras.

3 Katherine Brogan y Elizabeth McGuineess, “FIELD Report No. 19: Assessment of Remittances in Honduras”, USAID, ACDU/VOCA y FHI360, octubre de 2013, https://www.microlinks.org/sites/default/files/resource/files/FIELD%20Report%20No%2019%20Honduras%20Remittances%20Assessment.pdf. Note que las remesas internas también son importantes, ya que los habitantes de la ciudad envían parte de sus salarios a los miembros de la familia en el campo.

4 Thomas M. Leonard, The History of Honduras (Santa Barbara, CA: Greenwood Publishing, 2011), p. 83.

5 Ibíd., pp. 84–85.

6 Véase Kirk Bowman, “The Public Battles Over Militarization and Democracy in Honduras, 1954–1963”, Journal of Latin American Studies 33, no. 3 (agosto de 2001): 539–60.

7 Tim Merrill, Honduras: A Country Study (Washington D.C.: Federal Research Division, Library of Congress, 1995), p. 29.

8 Leonard, The History, pp. 135–36.

9 Merrill, Honduras, p. 32.

10 Leonard, The History, p. 138.

11 Merrill, Honduras, p. 32.

12 Leonard, The History, p. 143. Consultar también John A. Booth, Christine J. Wade y Thomas W. Walker, Understanding Central America: Global Forces, Rebellion, and Change (Boulder, CO: Westview Press, 2010), p. 211; y Thomas P. Anderson, Politics in Central America: Guatemala, El Salvador, Honduras, and Nicaragua (New York: Praeger Publishers, 1982), p. 112.

13 Anderson, Politics, p. 113.

14 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 210–12.

15 Ibíd., p. 212.

16 Ibíd., p. 213.

17 Ibíd., p. 213.

18 Ibíd., p. 347.

19 Nancy Peckenham y Anne Street (eds.), Honduras (New York: Praeger Publishers, 1985), p. 194.

20 Ibíd., pp. 211–18.

21 Ibíd., p. 211.

22 Véase James LeMoyne, “Testifying to Torture”, New York Times, 5 de junio de 1988, http://www.nytimes.com/1988/06/05/magazine/testifying-to-torture.html?pagewanted=all.

23 “Honduras”, InSight Crime, 6 de diciembre de 2016, http://www.insightcrime.org/honduras-organized-crime-news/honduras.

24 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 220.

25 Ibíd., p. 219.

26 “1998- Hurricane Mitch”, Hurricanes: Science and History, 2015, http://www.hurricanescience.org/history/storms/1990s/mitch/; “Mitch: The Deadliest Hurricane Since 1780”, National Climate Data Center, 23 de enero de 2009, https://www.ncdc.noaa.gov/oa/reports/mitch/mitch.html; y “1998: Hurricane Mitch slams into Central America”, History.com, http://www.history.com/this-day-in-history/hurricane-mitch-slams-into-central-america.

27 Vilma Elisa Fuentes, “Post-Disaster Reconstruction: An Opportunity for Political Change”, en The Legacy of Hurricane Mitch: Lessons from Post-Disaster Reconstruction in Honduras, Marisa O. Ensor (ed.) (Tucson, AZ: University of Arizona Press, 2009), p. 106.

28 Ibíd., pp. 106–7.

29 Ibíd., p. 107.

30 Ibíd., p. 113. Véase también Naomi Klein, “The Rise of Disaster Capitalism”, Nation, 14 de abril de 2005, https://www.thenation.com/article/rise-disaster-capitalism/. Para una mirada con una giro interesante sobre este “capitalismo del desastre”, véase Benjamin F. Timms, “The (Mis)use of Disaster as Opportunity: Coerced Relocation from Celaque National Park, Honduras”, Antipode: A Radical Journal of Geography 43, no. 4 (2011): 1,357–79.

31 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 221.

32 William Aviles, “The Political Economy of Low-Intensity Democracy: Colombia, Honduras, and Venezuela”, en Corporate Power and Globalization in U.S. Foreign Policy, Richard W. Cox (ed.) (London: Routledge, 2012), p. 146.

33 Ibíd., p. 147. Véase también la sección sobre los miembros de la red del sector privado más adelante, pp. 67–76.  

34 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 221.

35 “Honduras”, InSight Crime, 6 de diciembre de 2016, http://www.insightcrime.org/honduras-organized-crime-news/honduras.

36 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 223.

37 Para un relato sobre la familia Zelaya, véase Will Weissert, “Zelaya Hometown Provides Look at Divided Honduras”, San Diego Union-Tribune, 7 de julio de 2009, http://www.sandiegouniontribune.com/sdut-lt-honduras-divided-070709-2009jul07-story.html. Para los vínculos existentes entre Zelaya y la familia de Sarmiento, véase Steven Dudley, “WikiLeaks: Zelaya and Organized Crime”, InSight Crime, 12 de diciembre de 2010, http://www.insightcrime.org/investigations/zelaya-and-organized-crimel; y “Un hijo de Ulises Sarmiento sustituye a ‘Mel’ Zelaya en Olancho”, El Heraldo, 6 de octubre de 2016, http://www.elheraldo.hn/pais/1004221-466/un-hijo-de-ulises-sarmiento-sustituye-a-mel-zelaya-en-olancho.

38 “Noticia: Plantaciones de palma en Honduras”, Salva la Selva, 4 de febrero de 2011. www.salvalaselva.org/noticias/3324/plantaciones-de-palma-en-honduras.

39 Fiona Forde, “Oil Negotiation Between Honduras and Venezuela Rankles Washington”, Irish Times, 20 de mayo de 2006, http://www.irishtimes.com/news/oil-negotiation-between-honduras-and-venezuela-rankles-washington-1.1005625; “Can President Zelaya be Brought Back to the Fold?” (cable de la embajada de Estados Unidos de Tegucigalpa a Washington), WikiLeaks, 9 de septiembre de 2008, http://wikileaks.redfoxcenter.org/cable/2008/09/08TEGUCIGALPA863.html. Escuchamos un relato de un exsecretario sobre un discurso de Zelaya en el cual un patriarca de una de las familias emitió una amenaza directa, a tal efecto que un ataque a cualquiera de sus intereses se consideraría como un ataque a todos ellos.

40 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 224. Para una opinión reciente de la embajada estadounidense, véase “Honduras: A Political Crisis Brews”, WikiLeaks, 25 de junio de 2009, https://wikileaks.org/gifiles/docs/16/1687739_honduras-a-political-crisis-brews-.html; y “Zelaya and the Fourth Urn”, WikiLeaks, 9 de junio de 2009, https://wikileaks.org/plusd/cables/09TEGUCIGALPA438_a.html. Vale la pena mencionar que Zelaya mismo nunca mencionó eliminar los límites del mandato. Y ahora que el presidente Juan Orlando Hernández ha anunciado sus planes para competir por la reelección, es claro que la razón aparente de derrocar a Zelaya fue un pretexto.

41 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 225. Véase también, por ejemplo, Elisabeth Malkin, “Honduran President is Ousted in Coup”, New York Times, 28 de junio de 2009; o William Finnegan, “An Old-Fashioned Coup”, New Yorker, 30 de noviembre de 2009. Un exfuncionario me mostró un video en un teléfono celular de un grupo de golpistas entrando a su oficina con una carta de renuncia falsa y pidiendo que la leyera, lo que se negó a hacer.

42 Un sinnúmero de análisis y estudios reflexivos –y algunas veces engorrosos– se han hecho acerca de esta cuestión. La respuesta de la política de Estados Unidos a un “golpe” usa la terminología “golpe militar”, demasiado esfuerzo se ha dedicado a comprobar que en realidad fue eso. Para una selección de algunos análisis más sustanciales, véase Leticia Salomón, “Conozca las diez familias que financiaron el golpe de Estado en Honduras”, El Libertador, 8 de agosto de 2009, que identifica a José Rafael Ferrari, Juan Canahuati, Camilo Atala, Fredy Nasser y Miguel Facussé, entre otros, como sus principales artífices. Véase también Geoff Thale, “Behind the Honduran Coup”, Foreign Policy in Focus, 1 de julio de 2009. Esta presentación de diapositivas anónima, extrañamente etiquetada con una bandera israelí, resulta interesante: “Esquema del golpe de estado en Honduras el día 28 de junio 2009, SlideShare, 9 de agosto de 2009, https://www.slideshare.net/xatruchmorazan/esquema-del-golpe-de-estado-en-honduras-el-dia-28-de-junio-2009.

43 Salomón, “Conozca las diez”.

44 Véase “Open and Shut: The Case of the Honduran Coup” (cable de la embajada estadounidense de Tegucigalpa a Washington), WikiLeaks, 28 de junio de 2009, https://wikileaks.org/plusd/cables/09TEGUCIGALPA645_a.htm.

45 Véase Arshad Mohammed y David Alexander, “Obama Says Coup in Honduras Is Illegal”, Reuters, 29 de junio de 2009; Ben Feller, “Obama’s Stand on the Honduran Coup”, Associated Press, 30 de junio de 2009; y Tim Padgett, “Why Obama Won’t Use the M-Word for Honduras’ Coup”, Time, 5 de septiembre de 2009.

46 Véase, entre diversos análisis durante la campaña presidencial de 2016, Robert Naiman, “Did Secretary of State Hillary Clinton Enable the Coup in Honduras?”, Huffington Post, 19 de febrero de 2016; o Tim Shorrock, “How Hillary Clinton Militarized U.S. Policy in Honduras”, Nation, 5 de abril de 2016.

47 Booth, Wade y Walker, Understanding, p. 228.