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En el 2019 América Latina fue sacudida por una sorpresiva y masiva ola de protestas y violencia. En Chile y Colombia, dos de los países con economías más exitosas y sistemas políticos más estables de la región, ciudadanos frustrados por la pobreza y exclusión social protagonizaron manifestaciones a gran escala. Ecuador vio la reanudación de protestas contra medidas de austeridad impuestas por el gobierno. En Bolivia, una disputada elección presidencial, en la que el presidente Evo Morales buscó un controvertido cuarto mandato, desembocó en un violento conflicto que redundó en su salida del país. México experimentó gran tensión por las protestas de la llamada revolución diamantina en reacción a la epidemia de violencia de género que azota al país y alta tensión entre el presidente Andrés Manuel López Obrador representando sectores progresistas y los políticos y empresariales tradicionales. Las protestas se dieron en el contexto de una persistente y aguda violencia derivada de enfrentamientos entre grupos criminales, así como choques entre fuerzas del orden y bandas de crimen organizado. En Brasil, la conflictividad política se intensificó y derivó en masivas protestas producto de la confrontación entre el presidente Jair Bolsonaro y sectores de oposición en el contexto de polémicas medidas como el relajamiento de la protección ambiental en la Amazonía.

Muchas de estas protestas están relacionadas con los altos niveles de desigualdad socioeconómica que han caracterizado históricamente a América Latina o bien se derivan de dichas desigualdades. Otras fracturas, vinculadas a la corrupción sistémica, a visiones valóricas contrapuestas o fisuras urbano-rurales o diferencias ideológicas de larga data, también contribuyeron a acentuar muchos de estos conflictos. En algunos países—sobre todo en Venezuela, pero también en Argentina y Bolivia—un eje principal de polarización política se expresa en profundas diferencias sociales. En otros países, como Chile, México y Perú, operan simultáneamente varias fracturas. Como marco general, las divisiones y enfrentamientos están marcados por la deslegitimación de los oponentes, la gravitación hacia los extremos y significativos niveles de desconfianza.

Thomas Carothers
Thomas Carothers is the senior vice president for studies at the Carnegie Endowment for International Peace. He is a leading authority on international support for democracy, human rights, governance, the rule of law, and civil society.
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Este turbulento contexto regional se vio exacerbado por la pandemia de coronavirus durante el 2020. La pandemia afectó a América Latina con mayor crudeza que otras regiones del mundo. A fines de octubre de 2020, siete de los doce brotes más mortíferos de la pandemia se produjeron en América Latina. Los efectos fueron devastadores, tanto en materia de salud pública, como en materia económica. En 2020, las economías latinoamericanas sufrieron una caída del 8 por ciento en promedio, mayor que la de cualquier otra región. A muchos expertos les preocupa que América Latina se enfrente a otra “década perdida” de larga data que revierta los avances logrados en materia social y económica en las últimas dos décadas.

Los efectos de la pandemia han impactado de manera diferente a ricos y pobres en la región, ahondando las desigualdades subyacentes y socavando la posibilidad de forjar un mayor sentido de unidad en las sociedades, muchas de las cuales se encuentran irremediablemente divididas. La crisis en materia de salud ha dejado al descubierto brechas evidentes en la capacidad de los estados para gobernar y desencadenado un debate ríspido sobre cómo debieran los gobiernos enfrentar la situación. De manera más general, la pandemia ha generado un estrés enorme en la vida cotidiana de las personas, algo que inevitablemente ha contribuido a elevar aún más la temperatura de los debates políticos.

De este modo América Latina entra en el 2021 ensombrecida por la sensación de, que ante la fuerte presión a la que están sometidos los gobiernos, la crisis pone en riesgo la democracia. Diversos analistas políticos temen que el aumento de la tensión social termine por generar una ruptura en materia política. En ciertos lugares, preocupa una nueva oleada de populismo antiliberal que ignora o degrada las normas y procesos democráticos en aras de objetivos demagógicos; en otros, hay aprensión acerca de la fragmentación de sistemas políticos ya marcados por conflictos crónicos y constantes desencuentros y volatilidad en los partidos políticos. Además, en muchos países el coronavirus amenaza con debilitar aún más la feble capacidad estatal y aumentar la frustración y desesperanza de la población.

Andreas E. Feldmann
Andreas E. Feldmann es profesor asociado en los departamentos de Estudios Latinoamericanos y Latinos y Ciencias Políticas de la Universidad de Illinois en Chicago. Las relaciones internacionales de América Latina son su área principal de investigación.

Para contribuir a dilucidar este difícil panorama y a trazar un mapa de las trayectorias recientes del divisionismo político en la región, le encomendamos a seis expertos que analizaran eventos recientes en seis países clave: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. En concreto, les pedimos que respondieran a cuatro preguntas claves:

  1. ¿Cuáles son las principales divisiones sociopolíticas del país?
  2. ¿Cómo ha afectado la pandemia estas divisiones?
  3. ¿Cuáles son los principales riesgos que los actuales niveles de divisionismo político en el país le plantean a la democracia?
  4. ¿Cuáles son algunas de las medidas que deben tomar los actores nacionales o internacionales para ayudar a aliviar estos riesgos?

En conjunto, los relatos de los diferentes países presentan una visión instructiva sobre la situación regional. No todo el panorama es negativo, sin embargo. Las divisiones son profundas y la pandemia lejos de disminuirlas las ha intensificado, pero hay algunas excepciones notables. Los riesgos que se avecinan son graves y las medidas correctivas presentan grandes desafíos. Aunque existen similitudes entre los casos, las diferencias en los patrones sociopolíticos específicos son numerosas e importantes. Para ayudar a identificar las tendencias comunes, así como las particularidades de cada país, la conclusión sintetiza los principales hallazgos de los seis estudios, organizados en el mismo marco cuatripartito. Esperamos que esta recopilación ayude a actores y observadores comprometidos en toda la región a comprender mejor las dinámicas del creciente divisionismo político en la región y a formular respuestas efectivas para enfrentar este difícil escenario.